
Puedo incluso dormirme arrullado por el canto visual de alas desplegadas, acunado en el cuenco de esas manos tan muertas, de esos brazos que buscan el cielo. Fuiste tanto. Fuiste todo. Y sigues siendo. Dejaste de ser para seguir siendo, dejaste de respirar esa fragancia por tu boca para crecer incansablemente ante mis ojos nublados. Lloro sí, pero no te pongas triste. Seguimos juntos, hasta que la noche arda. Somos un solo cuadro, una sola pintura irrepetible y perecedera, un acto estético y nada más. Un segundo de absoluto, un reflejo de poder irrefrenable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario